08 junio 2009

POEMAS


Patria de los astros,
trino de una ave amordazada;
bálsamo y grave acometida,
rayo de seda
como néctar de vergel celestial
impactándose en el polo equivocado.

Tu nombre es el sin-nombre de las cosas,
raza etérea de mi anhelo,
compartes el número, los elementos y el fondo natal,
blancor de plenilunio,
fin único a donde tienden mis deseos.

Savia de dioses paganos,
tu acto es ejemplo
y ley tu palabra,
delirante carne de ensueño,
verbo imposible de conjugar;
a ti mi perturbación debo,
al vaho sísmico de tu palabra,
a la exaltadora melodía de tu silencio.

Mujer,
tu semblante es la fisonomía de Gaia,
límpida floresta en donde se nutre el hambriento,
donde el perturbado encuentra sosiego;
pleamar que enjuaga mis sedientos litorales,
inspiras un torrente de destellos,
de vientos opalinos y sonoras llamaradas
que me arrastran
a dibujar la poética palabra.

Eres la impredecible sombra de las entidades sin cuerpo,
lágrima solar,
escarcha platinada,
tú y la idea de tú, querida,
son la piedra angular
sobre la que ahora se edifican mis versos,
mis delitos imperdonables,
mis mañanas.

Mujer,
diluvio que anuncia el fin de mi malicia
y el reintento,
efluvio mítico que mana
de la boca de poetas ancestros,
bendita seas como todas las mujeres
y bendito el fruto de tu mente, ¡tu arte!
áurea melodía,
bóveda engendradora.
Sustancia primordial de todos mis recuerdos.

Miro la edad del universo,
proyectada en los contornos de tu cuerpo,
deletreada
en tu biografía inacabada,
destilada
dentro de una botella bebida por tu causa.

Mujer,
paraje inexplorado,
amasijo de sonidos y silencios.
¡Agraciado sea el momento,
amada,
en que fuiste fraguada,
divina creación,
con mi costilla desmembrada!

De: fabián canavaro
(Mancha mancha mancha)